Los anillos de Saturno

Y ahora resulta que Saturno tiene la culpa.

Llevo un tiempo sacando a la luz lo que mi corazón realmente quiere, mirando en mi interior y revolucionando todo lo visible, ya sea para deshacerlo y dejarlo ir, o bien para reafirmarlo y que se quede conmigo para siempre. Una época de mi vida en la que lucho por encontrar lo que realmente me hace feliz y, a la misma vez, lucho por dejar de luchar por lo que ya no me hace sentir así.

Una vez me dijeron que estamos hechos por fascículos de 7 años, y que cada 7 años empezamos un ciclo diferente, nuevo, en el que nos reinventamos. ¡Qué suerte! -pensé yo-, es como vivir más de una vida. Lo que no me contaron es que en el cuarto septenio Saturno te ponía todo patas arriba, (¡y tan arriba!), y que es aquí cuando empiezas a cuestionar todo, a reflexionar, y seguramente, a tomar las decisiones más importantes de tu vida.

Pues bien, resulta que la vuelta de Saturno tiene la culpa (a alguien hay que echársela y yo he encontrado esto que me parece súper divertido). Y es que Saturno es como ese salto al mar desde esa roca que piensas tanto si dar o no dar. Como un viernes cuando tenías 15 años. Como el último examen de la carrera. Es la conversación con tu pareja para terminar algo que ya no funciona, o el beso de ese antiguo amor que vuelve para quedarse para siempre. Es día de verano, cervezas y amigos; pero también día de invierno a 5 grados sin posibilidad de echarte la manta por encima.

Es un mix de sentimientos que te hacen reflexionar y encontrarte en medio del caos.

Encontrarte.

Qué fácil y difícil a la vez.

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PINNAHANA.

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